Hoy tuve el gusto de conversar con un criancero caprino de la vieja escuela, fue un agrado a pesar de mi aprehensión a la gente ligada a aquel rubro. Dos hechos me llamaron profundamente la atención , el primero es que ya no criaba cabras (abandonar una actividad asi, notable) y el segundo es que se quejaba de lo llorones que son los actuales crianceros (doblemente notable).
En los viejos tiempos (estamos hablando de la vida campesina hasta el fin de la dictadura) los crianceros tenian que rascarse con sus propias uñas. Estaban concientes de los riesgos implícitos a su actividad, sabían que dependían de los años lluviosos para ganar plata, por lo que cuando llegaban las sequias las aguantaban con el estoicismo necesario (algo que un ministro actual podria llamar apretarse los dientes) el embate de ver a muchas de sus cabras morir.
Hoy en día, gracias a estos 18 años de politicas sociales, un criancero promedio, al ver a una cabra resfriada parte inmediatamente a llorar al INDAP exigiendo subsidios y bonos por las cosas que antes hacía sin dineros públicos de por medio. Por ejemplo, la transhumancia en la ganadería es una técnica de alcance mundial, y en Chile se practicaba desde periodos prehispánicos, en invierno el ganado estaba en los valles y para el verano se subía a la cordillera para aprovechar los pastos que ahi crecen en esa época del año. Hoy, si un criancero lleva a sus cabras para el cerro, se gana sin concursos ni sorteos un “bono de veranada“, me cuesta imaginarme a un inka pagándole a un chango local por arrear llamas en la cordillera.
Pero aunque no lo crean ha existido un avance, desde fines de la dictadura hasta el año 2000 aprox, en la comuna de La Serena la asistencia rural se basaba en repartir cajas de mercadería o bisuterias mugrientas en periodos pre-eleccionarios, asistencialismo en su nivel mas ordinario. Con la llegada de la concertación al municipio se ha intentado luchar contra el asistencialismo a modo de politica global, pero lo único que han logrado es que, en ves de llorar por una caja de mercadería, lloren por “proyectos” en los cuales les llega plata que gastan en lo que quieran, con cero espíritu previsor. Asistencialismo un poquito menos ordinario.
No puedo culpar a los crianceros en todo caso. Me ha tocado realizar “asistencias” a campesinos que cuentan con televisión satelital en sus casas (cosa que yo no tengo por cierto) y sé que lo aprovechan simplemente porque pueden, porque el Estado se los permite. El Estado ha elegido subsidiarlos sin que ellos lo pidieran.
Esto no hubiese pasado si el espíritu de la vieja escuela existiese hoy en dia.







